El miedo es el entusiasmo sin respiración
Fritz Perls
Antes de que empieces a leer este artículo, puedes hacer un ejercicio de atención a tu respiración y, por unos momentos, observarla sin modificarla. Date cuenta de hasta donde llega tu inhalación, si es que no baja del pecho, o si llega hasta el abdomen, así como qué sensación te produce. Después, pon atención en tu exhalación y observa cómo la sientes. Por último, toma unas cuantas respiraciones lentas y profundas y observa la diferencia.
Las plantas verdes, con la fotosíntesis, aportan el oxigeno que necesitamos y sin el cual no sobreviviríamos. Como ya sabes, las plantas respiran, pues toman el aire de la atmósfera y junto con la luz, la tierra y el agua, efectúan un proceso químico por el cual convierten el anhídrido carbónico procedente de la respiración de otros seres vivos, humanos incluidos, en oxígeno. Este proceso se llama también función clorofílica y gracias a él se mantiene el equilibrio en el aire. Nada se desperdicia. Nuestra respiración es un eslabón de la ecología cósmica –en la conservación, transformación e intercambio de sustancias dentro del metabolismo de la naturaleza- y conecta nuestro mundo interior con el gran mundo exterior: la tierra, su atmósfera y toda la vida orgánica.
Por tanto, además de los beneficios de la terapia floral, mantenemos con las plantas un armonioso dar y tomar, pues la respiración es para el organismo humano, tomar del entorno con la inhalación, efectuar en los pulmones un proceso interno de combustión para la asimilación del oxígeno indispensable para vivir y exhalar, el anhídrido carbónico resultante que al organismo humano no le sirve. Es el proceso básico de todos los procesos: tomo del entorno lo que necesito, asimilo lo que me sirve, y deshecho lo que me sobra. En este proceso, que se describe con pocas palabras, pueden surgir muchas complicaciones. Aquí, vamos a prestar atención a las correspondientes a la respiración.
En toda la vida es posible que respiremos más de cien millones de veces por lo que es fácil no considerar importante a la respiración, pues se trata de un proceso completamente automático que comienza al nacer y termina con la muerte. Cuando nos vamos a dormir esperamos que nuestra respiración funcione sin tener que estar haciendo nada para ello y así sucede, sin embargo la respiración es distinta al automatismo de otros órganos, como por ejemplo el corazón, pues podemos hacer de ella una práctica consciente e intencionada. Esta respiración automática nos permite sobrevivir, pero no nos deja desarrollarnos. Por eso, para recuperar lo que ha sido parte de nosotros, es necesario que nos informemos y participemos de manera consciente.
Un gran número de personas, cuando hacemos consciente la respiración podemos darnos cuenta de que no respiramos adecuadamente o de que respiramos poco, y eso va en detrimento de nuestra salud, pues para mantenerse vivo es más importante respirar que beber, comer o digerir, ya que es probable que en un día respiremos unas veinte mil veces, necesitando aproximadamente 8 litros de aire por minuto en posición acostado, el doble sentado y 50 litros corriendo, cuando nuestras necesidades de líquido son aproximadamente 2 litros y de comida 1 Kg. al día.
La respiración es la función del cuerpo más sensible a las emociones. Basta un pensamiento para modificarla. Afecta al sistema respiratorio, cardiovascular, neurológico, gastrointestinal, muscular, mental y emocional; teniendo un efecto general sobre el sueño, la memoria, el nivel de energía y de concentración. Todo lo que hacemos, el ritmo que mantenemos, nuestra acción y reacción al entorno, los estímulos percibidos, las sensaciones, los sentimientos que experimentamos y las elecciones que realizamos están influidos por el ritmo de la respiración.
Cuando, como todos hoy en día, nos enfrentamos a niveles crecientes de estrés psicológico, físico y biológico, el ritmo respiratorio, se incrementa a velocidades cada vez mayores. Decimos que nos sentimos estresados o agotados. Existe un paralelismo entre no poder respirar, con la ausencia de vitalidad pues nuestra fuente principal energética; entre el respirar mal y la pérdida de la capacidad de experimentar sensaciones.
Al observar la respiración se puede conocer como está una persona física, psíquica y emocionalmente. Según la persona esté alegre, enfadada, triste o deprimida, la respiración se verá estimulada o frenada, será más profunda o superficial. Así mismo, del mismo modo que la respiración influye sobre el estado anímico, también se produce una considerable influencia a la inversa,
Supongamos que una persona se inhibe de sollozar contrayendo deliberadamente el diafragma y el pecho, y esto llega ser habitual y no consciente. Después, el organismo pierde las dos actividades, esto es, la persona que manipula su funcionamiento de esa manera deja de poder ni sollozar ni respirar libremente. Incapaz de sollozar, no relaja ni acaba nunca con su tristeza; ni siquiera puede acordarse bien de a qué pérdida se debe la misma. El diafragma queda contraído, con lo que la respiración quedará cortada en el pecho sin bajar al abdomen.
Puedes probar fingiendo que estás muy triste y no quieres romper a llorar. Constriñes la respiración y la haces muy rígida, contrayendo el pecho, mientras realizas movimientos preventivos con los hombros. Al mismo tiempo contraes la garganta y los labios manteniéndolos apretados, tratando de interrumpir la salida del aire y de evitar la expresión de tristeza. Muchos tragan repetidamente para mantener la contracción de la garganta, pues la barbilla empieza a temblar por el sollozo contenido. No te olvides de tomar después varias respiraciones profundas.
Prueba a cerrar la mandíbula, contraer los músculos del cuello y los hombros, a cerrar los puños, a encajar la mandíbula y observa la respiración, Cuando tenemos rabia acumulada y reprimida, de tanto contraer la respiración nos olvidamos y pasa a ser una segunda naturaleza del cuerpo, un hábito o patrón respiratorio como en el caso anterior. La respiración es torácica, contraída y la exhalación controlada, acompañada de un nudo de tensión en el plexo solar, contracciones musculares en hombros y cuello, rigidez en las cejas, contracción de la mandíbula y la garganta. Puede aparecer bruxismo.
Recordemos el des-aliento, que no alienta, toma poco aire, Reduce la excitación energética o emoción que el organismo nos proporciona para emprender una acción determinada, cortando el gas o energía que la respiración le proporciona, porque se encoge ante las dificultades, ¿cómo? Con el pecho, echando los hombros para adelante, con lo que la cabeza se adelanta. Por tanto, hay una vitalidad baja, pues dispone de poco oxígeno.
¿Para qué querríamos cortar la excitación o emoción, ya sea de tristeza, rabia, o deseo? La respuesta es para insensibilizarnos. Aquí entra el miedo, la amenaza de algo que nos amedrenta y empleamos el recurso de encogernos, meter la cabeza entre los hombros, y contener la respiración, hasta que pase el peligro de algo que nos da miedo o consideramos inadecuado. Evitamos sentir con la respiración. El miedo hace encoger el pecho y elevar los hombros, quedándonos retenidos entre la inhalación y la exhalación. La naturaleza nos provee de esta reacción espontánea para hacernos el muerto, o proteger nuestros órganos vitales ante un peligro de ataque o golpe, pero ya no estamos en la selva, el peligro para nosotros es psicoemocional, con lo que tendemos a cronificarlo.
La ansiedad (respiración ansiosa) es un trastorno respiratorio que se produce por falta de oxígeno. Cuando observamos un ataque de ansiedad, invariablemente descubrimos excitación y gran dificultad para respirar. El cuadro de la excitación, como he descrito antes, es metabolismo acrecentado, acrecentada actividad del corazón, pulso acelerado, respiración acrecentada e insuficiente abastecimiento de oxígeno. La situación se convierte en una situación de ansiedad cuando hay un conflicto agudo entre el impulso de respirar (para superar el sentimiento de ahogarse) y el autocontrol que se opone. Hay una emoción o excitación intensa que se controla para ahogarla, generalmente por miedo. Los síntomas se agudizan, los músculos del pecho se contraen espasmódicamente y la respiración se convierte en una lucha.
Tomarnos un minuto de vez en cuando para hacer consciente nuestra respiración nos va a aportar salud, bienestar y vitalidad, lo que hará que nuestro estado emocional se armonice ya que vamos a poder influir en el mismo no solo con esencias florales, si no también con la respiración que es la función fundamental de apoyo a uno mismo, junto con una fisiología primaria desinhibida y unas experiencias asimiladas e integradas.
Gracias por tu atención
Rosa Medinilla
Bibliografía
Laura Perls – Viviendo en los límites
Frederick S. Perls – Yo Hambre y Agresión
Frederick S. Perls, Ralph F. Hefferline, Paul Goodman - Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana
Gay Hendricks – La respiración consciente
Michael Sky – Respirando |