CONFLUENCIA MALSANA

Por Alicia López Bermejo. Psicólogo clínico. Psicoterapeuta Gestalt Miembro del C.T.P. .(centro de terapia y psicología en Madrid) Miembro de la A.I.T.E. Miembro de Seflor y de Sedibac. Elaboradora floral, Directora del Centro El Serval.

 

¿Quién dice que morirse es fácil, aunque se quiera de verdad?

Veréis, es que he tenido un golpe de suerte con alguien a quien llamaré Néstor(por su afinidad con No Estoy), y a quien había abandonado a su suerte.
Me explico: ante la total ausencia de resultados a pasar de mis múltiples esfuerzos y cavilaciones terapéuticas en mi trabajo con él, decidí no hacer nada, es decir, recibirle, dejarle hablar de algo superficial, como de costumbre, interesarme por su salud, y ya está. ¿Qué digo! No fue una decisión, fue una resignación, lo único a lo que Néstor estaba dispuesto y lo único que en realidad quería de mí, si bien, incluso esto, cada vez menos...Por que a pesar de esta actitud, seguía viniendo a terapia, y me decía claramente que no quería dejarlo, que le venía bien....¡! ....¿Para qué?....Sus motivos tendrá, me decía yo, y algún día aparecerán.

La historia, con bastantes omisiones de datos para salvaguardar la identidad del protagonista, es más ó menos la siguiente: Conocí a Néstor justo después de la muerte de sus padres, en estado de shock. Su pareja también había muerto hacía poco, y un cambio de jefatura en su ámbito laboral, donde siempre había estado bien considerado, le había relegado a un puesto en la sombra.
Durante el primer año de terapia fue saliendo muy lentamente de aquel estado "estuporoso" en que se encontraba, pudo empezar a ser consciente de qué le había pasado y a contármelo. Poco a poco se iba acordando de algo importante que nos daba luz para entender cómo había llegado a estar así y cómo había sido su vida antes de tanta desgracia.

.......Pero ahí quedó todo. Nunca fuimos más allá. Imposible llorar. Imposible enfadarse, ó desesperarse. Alguna vez, como de pasada, comentaba estar asustado, seguido siempre de algún comentario jocoso. No recuerdo haber podido tener acceso al menor inicio de contacto. Era como si, estando delante de mi, en realidad nunca estuviera. En cuanto rozábamos un leve esbozo de tocar algo de interés para la evolución terapéutica, se escondía a toda prisa negando todo, ó dejando de acudir a las sesiones con múltiples excusas, hasta que el tiempo lo borraba.
Con el transcurrir de los meses, Néstor iba ampliando su gama de somatizaciones. Ya no sólo padecía una depresión profunda, sino que además iba consiguiendo paulatinamente un mayor repertorio de enfermedades físicas. "Si lo mío es físico", decía. "Estoy así de mal porque los dolores me impiden volver al trabajo", y se quedaba tan tranquilo.

Fue necesario convencerle hasta de ir al médico. Pasaba sus días sin salir de casa, sin hablar con nadie, y en la cama. Por supuesto , ningún médico consiguió mejorar su estado físico, entre otras razones por que a Néstor la medicación "le sentaba mal", incluidos los antidepresivos, y no la tomaba. Estaba cada vez más débil y postrado.

Un día le dije: " Néstor, tengo la impresión de estar asistiendo impotente a tu manera de suicidarte lentamente, y de que esto es lo único que quieres de mí, que sea testigo de tu agonía"........
Volvió a negarlo, ¡faltaría más!. Sin embargo, al cabo del tiempo reconoció su falta de interés por la vida, e incluso que no moría sólo porque le daba mucho miedo. "¿Y cuál es mi papel en este drama?, pregunté. Néstor abrió mucho los ojos. Sorprendido, para contestar: "Quiero ponerme bien y volver a trabajar".....¡Ufff!

Fue entonces cuando me resigné a aceptar mi fracaso, a dejar de esforzarme en cada sesión por conseguir trabajar algo, y, como decía al principio, "le abandoné a su suerte". Y se lo dije: "Cuando quieras algo más de mí, me lo dices". Empezóp a distanciar sus visitas, pero seguía viniendo, quién sabe para qué. Supongo que yo era la única persona con quién hablaba un poco y eso le hacía sentir bien.

Sí, había tenido en cuenta su demanda de confluencia, su esperanza de que fuera yo quien hiciera todos los esfuerzos y le sacara de aquel estado, aunque él mismo no quisiera salir. Y decidí hacerlos yo porque me parecía como una persona en coma. Y de un coma no se sale si otros no hacen lo posible por sacarnos....Pero no funcionó. Nada funcionaba. Por eso llegué a considerarlo un coma irreversible. Y pasé al compás de espera: el milagro ó la muerte.

¡Y sucedió el milagro! Si bien un milagro bastante decepcionante: un salvarse de morir por los pelos y un ingreso hospitalario. En eso consistió mi suerte: algo se movía por fin. Se había desmayado en la calle, a la entrada del banco, y no volvía en sí. Se lo llevó el Samur, casi moribundo, con sirena y todo.

Voy al hospital. Está físicamente mucho mejor, pero padece desorientación espacio-temporal, una pérdida de memoria considerable y deterioro cerebral causado por el alcohol. No saben si podrá recuperarse totalmente.

.....¡Ay!......

¡¿El alcohol?!....Ahora la dele estado de shock soy yo. ¿Se adivina la cara que se me queda delante del médico? Pues sí, esa.

Entonces ¡bebía en secreto! A solas. En su casa. Durante todo este tiempo. Y nunca me lo dijo. Y yo nunca lo sospeché.

 



Esto explicaba la desidia, la "modorra", el entumecimiento, la enfermedad, y por encima de todo, era la máxima expresión de cómo Néstor había hecho un arte del ocultarse. Queda sin explicar para qué venía a verme y me pagaba. ¿Quizás, en su desconexión de la realidad, creía que yo iba a adivinarlo?, ¿ó esperaba poder vencer su insoportable vergüenza alguna vez y contármelo?, ¿o que ni siquiera era consciente de su hábito dañino?

Y para terminar, dos moralejas:

Primera: "Los designios del Señor son inescrutables". Ignoro si la relación conmigo ha sido de alguna utilidad para Néstor, pero para mí la relación con él - o la imposibilidad de relación - sí. Me ha servido para lidiar con la impotencia más absoluta, para desarrollar una paciencia infinita, para comprobar una vez más cuánta tragedia personal puede haber detrás de un " no estoy", y para un sinfín de cosas más. O sea, que probablemente la más beneficiada de los dos haya sido yo.

Segunda: Si tienes ganas de morirte, más te vale poner empeño en sobrevivir con elegancia a los golpes de la vida, no vaya a ser que el destino te juegue una mala pasada y te quedes peor de lo que estabas, pero vivo.

Alicia López Bermejo.


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